Danzar la Vida

En 1965, cuando Rolando Toro empezó a investigar los efectos de la música y del movimiento con los pacientes de un hospital psiquiátrico de Santiago de Chile, no podría imaginar que estaría dando los primeros pasos para desarrollar un sistema de integración humana - la Biodanza - que se expandiría por todos los continentes del mundo casi 40 años más tarde.
Rolando Toro, psicólogo y antropólogo, formaba parte de un equipo multidisciplinario, que tenía por objetivo en aquél momento mejorar la calidad de vida de los enfermos mentales y humanizar sus relaciones con el personal médico y paramédico de aquella institución. “Los enfermos, que por definición tienen una identidad mal integrada, sufrían una disociación mayor en la medida que realizaban determinados tipos de movimiento” , escribió Toro. A raíz de eso, seleccionó músicas y danzas que pudieran reforzar la identidad de los pacientes, además de ejercicios de contacto físico con el objetivo de reforzar la sensación de límite y cohesión corporal. “El resultado fue claro: muchos de los enfermos aumentaran su juicio de realidad, las alucinaciones decrecieran y aumentó la comunicación en el grupo.” Sorprendido por los resultados, empezó a experimentar con otros grupos de paciente – ansiedad crónica, trastornos psicosomáticos, entre otros, - a medida que confirmaba sus hallazgos. Muy pronto la Biodanza saltaría los muros del hospital ganando importancia como un sistema de crecimiento y desarrollo personal.
Pero sería injusto y tal vez ingenuo adjudicar la creación de la Biodanza a los conocimientos y la experiencia académica de su creador. Rolando Toro, igualmente pintor y poeta, lleva en sí lo que otro poeta, el brasileño Drummond, denomina “el sentimiento del mundo”, y mirando hacia atrás, solo podemos concebir la Biodanza como creación de una persona enamorada de la vida, como siempre ha sido Toro en sus 80 años.

La definición de Biodanza

Rolando Toro define la Biodanza como un sistema de integración humana, renovación orgánica, y reaprendizaje de las funciones originarias de la vida.

Integración humana

Arthur Jores, médico especialista en la medicina psicosomática, contabiliza cerca de dos mil enfermedades. De esas, 500 son comunes al ser humano y otros animales. Las otras mil quinientas son exclusivamente humanas, las que denomina enfermedades de la civilización.
Parece pues que el precio que estamos pagando para llegar al nivel actual de progreso, tecnología y especialización es muy alto. Tal vez se pueda decir que la disociación sea la síntesis de la enfermedad moderna: un ser disociado de sus instintos que ha perdido la función de conexión a la vida.
Biodanza, a través de su práctica regular propone rescatar la integración a tres niveles:
1. Con uno mismo, restableciendo la unidad psicofísica: cuerpo y mente como expresión única de lo humano.
2. Con su semejante, restaurando el vínculo original con la especie como totalidad biológica, punto de partida para el sentimiento de solidaridad y respeto.
3. Con el mundo que nos rodea, rescatando el vínculo que nos une a la vida, fuente de la verdadera vivencia ecológica.

Renovación orgánica

Somos un complejo sistema biológico y como tal poseemos la capacidad de autoorganización. Mientras estamos ocupados en vivir nuestro cotidiano, algunos de forma más integrada que otros, todo nuestro organismo está comprometido con la tarea de mantener nuestro equilibrio interno y en promover los procesos de reparación orgánica necesarios para mantener y optimizar nuestras funciones vitales.
Los ejercicios de Biodanza tienen un carácter regulador al actuar sobre el cerebro emocional. Por su metodología predominantemente no-verbal y por el carácter integrador de las vivencias, la Biodanza activa los mecanismos neurológicos y endocrinos responsables por la manutención de nuestro estado de salud global.

Reaprendizaje de las funciones originarias de la vida

El instinto es una conducta innata, es la expresión de lo biológico en nosotros, y su finalidad básica es la reproducción y preservación de la vida. La conducta instintiva manifiesta la naturaleza en el ser humano y se expresa a partir de determinados estímulos. No se trata de volver atrás en la búsqueda de un paraíso perdido. La Biodanza prioriza la vivencia como camino de sensibilización a los instintos, con el objetivo de restablecer el vínculo entre esa naturaleza y la cultura. La danza de la vida
Todo eso es lo que tiene presente un facilitador de Biodanza al estructurar una sesión y coordinar un grupo regular. Su tarea es la de propiciar las condiciones adecuadas de confianza y estimular a los participantes del grupo para que estos puedan desarrollar y expresar lo que de alguna manera ya traen en sí cuando vienen a un grupo de Biodanza, su propia identidad.
Una sesión de Biodanza tiene una duración aproximada de dos horas, dividida en dos partes. La primera media hora está destinada a explicaciones teóricas, a la aclaración de dudas y principalmente al intercambio de información entre los participantes con respecto a las vivencias de la sesión anterior. La Biodanza no es interpretativa, ni propone un modelo de comportamiento. El espacio verbal tiene la función de ampliar la intimidad en el grupo a través del intercambio de experiencias.
En la segunda parte, los participantes son invitados a danzar la vida y a expresar su potencial por medio de una serie de ejercicios integrados, orientados por consignas y estimulados por músicas específicas. Esa combinación de movimiento, música y vivencia es el núcleo transformador de la Biodanza.
Las vivencias en Biodanza están agrupadas en lo que se denomina las cinco líneas de expresión del potencial humano: la vitalidad, la creatividad, la sexualidad, la afectividad y la trascendencia. Los ejercicios están estructurados para favorecer el desarrollo de cada una de esas líneas de vivencia. La vitalidad está relacionada con el ímpetu vital, el humor de fondo, la disposición para la acción y la capacidad de descanso. La creatividad se vincula con el instinto de exploración, la curiosidad e innovación. La sexualidad está ligada al placer sensual, al erotismo, al disfrute de la vida. La afectividad está vinculada a la solidaridad de especie, al instinto gregario, a la nutrición y protección. La trascendencia es lo que nos invita a dejar de lado nuestro ego y vincularnos a sistemas mayores, a ser parte de un todo y rescatar la sensación de pertenencia.

La sacralización de la Vida.

“ Toda vida es sagrada”, afirma Rolando Toro y la Biodanza es un espacio de celebración de la vida. Después de vivir 10 años en Italia, él ha vuelto a su Santiago de Chile, desde donde coordina la difusión de la Biodanza en el mundo. Hace poco podíamos verlo a sus ochenta años delante de más de un centenar de facilitadores de Biodanza en una formación de didactas, moviéndose con alegría y compartiendo su sabiduría.
“¿ Por qué la Biodanza? Tenemos la música que tiene un efecto transformador; tenemos al movimiento que integra la mente y el cuerpo; la motivación afectiva, el contacto, la caricia; y la regresión. Y todos estos factores unidos crean un haz de transformaciones que es superior al efecto aislado de cada uno de ellos. Es un sistema complejo, de extraordinario efecto, porque abarca muchas zonas, abarca todo el organismo, la mente, la percepción, el lenguaje, el sistema endocrino, el sistema inmunológico. Cambia la actitud frente a la vida, la estructura de la existencia, cambia todo y el éxito que tenemos en el ámbito planetario, en este momento, se debe a eso, a su efecto vertiginoso de cambio. Por eso yo no creo ser un utópico cuando pienso que en tres o cuatro generaciones, si se expande la Biodanza, vamos a producir un cambio de fondo.”

(Artículo publicado en la revista Ser Humano Hoy)

Luís Otávio Pimentel

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